Es hora de que las grandes corporaciones de medios de comunicación comprendan que sus contenidos no están solos en Internet, que están insertos en una gran nube de relaciones sociales a la que llaman el ciberespacio y que allí los pequeños comen gigantes.
Me refiero a esos pequeños que se pusieron a trabajar en un sitio web planificado y que ahora se comen en popularidad y contenidos de calidad digital a las megaempresas que todavía creen en la teoría de la aguja hipodérmica.
Medios grandes como Nacion.com, DiarioExtra.com, Teletica.com, Repretel.com, La Teja.co.cr (que en su sitio solo tiene las fotos de muchachas con poca ropa) siguen utilizando el Internet como si fuera el sobro de la comida de ayer. Si bien se han dedicado recursos desde hace escasos dos años, la incursión de estos medios en Internet ha sido por mucho desastrosa y desilusionante.
“Te gusta la página de Nacion.com en Facebook, les hacés preguntas sobre las notas que postean y nunca te contestan”, comentaba un compañero en clases de dirección, justo con la directora del diario La Nación, quien terminó convencerme de que los medios grandes tuvieron un intento desesperado (sí, desesperado en vez de organizado) por introducirse en redes sociales, solo como una moda y ya.
Hace poco conversaba con Xinia Coy, investigadora y creadora del blog Vox populi. En este año la estadista desarrolló una investigación sobre el comportamiento del usuario heavy en Medios Sociales y se dio cuenta de que las marcas y las empresas se están comportando como generadores de información en la web, pero nada más. Casi spam, diría yo.
Comportarse en redes sociales es distinto, la gente a veces se revela, saca una personalidad que nadie le conocía (o se la roba, porque eso también pasa), pero al fin y al cabo seguimos siendo eso, personas que se relacionan entre sí, que compartimos un espacio (aunque sea virtual) y que merecemos ser escuchados y tomados en cuenta. Cosa que a nadie se le ocurrió cuando se tiraron como locos a las olas de Internet para cumplir con la tendencia.
Así también, escribir para o leer en Internet es distinto. Hay que aceptarlo aunque me cueste, porque yo soy de esas a las que les gusta tirarme cinco horas leyendo y otro tanto escribiendo páginas interminables. Pero estoy consciente de que Internet da tantas y tan amplias posibilidades que si me aburro por un segundo es tan fácil como un clic para entretenerme con otra cosa y nunca más volver al contenido del sitio que estaba viendo.
Me refiero a esos pequeños que se pusieron a trabajar en un sitio web planificado y que ahora se comen en popularidad y contenidos de calidad digital a las megaempresas que todavía creen en la teoría de la aguja hipodérmica.
Medios grandes como Nacion.com, DiarioExtra.com, Teletica.com, Repretel.com, La Teja.co.cr (que en su sitio solo tiene las fotos de muchachas con poca ropa) siguen utilizando el Internet como si fuera el sobro de la comida de ayer. Si bien se han dedicado recursos desde hace escasos dos años, la incursión de estos medios en Internet ha sido por mucho desastrosa y desilusionante.
“Te gusta la página de Nacion.com en Facebook, les hacés preguntas sobre las notas que postean y nunca te contestan”, comentaba un compañero en clases de dirección, justo con la directora del diario La Nación, quien terminó convencerme de que los medios grandes tuvieron un intento desesperado (sí, desesperado en vez de organizado) por introducirse en redes sociales, solo como una moda y ya.
Hace poco conversaba con Xinia Coy, investigadora y creadora del blog Vox populi. En este año la estadista desarrolló una investigación sobre el comportamiento del usuario heavy en Medios Sociales y se dio cuenta de que las marcas y las empresas se están comportando como generadores de información en la web, pero nada más. Casi spam, diría yo.
Comportarse en redes sociales es distinto, la gente a veces se revela, saca una personalidad que nadie le conocía (o se la roba, porque eso también pasa), pero al fin y al cabo seguimos siendo eso, personas que se relacionan entre sí, que compartimos un espacio (aunque sea virtual) y que merecemos ser escuchados y tomados en cuenta. Cosa que a nadie se le ocurrió cuando se tiraron como locos a las olas de Internet para cumplir con la tendencia.
Así también, escribir para o leer en Internet es distinto. Hay que aceptarlo aunque me cueste, porque yo soy de esas a las que les gusta tirarme cinco horas leyendo y otro tanto escribiendo páginas interminables. Pero estoy consciente de que Internet da tantas y tan amplias posibilidades que si me aburro por un segundo es tan fácil como un clic para entretenerme con otra cosa y nunca más volver al contenido del sitio que estaba viendo.
No hay recetas, como dice Yanancy Noguera, pero sí puede existir planificación estratégica, una cosa en la que los comunicadores deberíamos ser expertos.
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